EL PRECIO DE LA INMORTALIDAD

por Erick J. Mota

0.

El auto era eléctrico.

La mayoría de los autos autorizados a circular por el distrito urbano eran de tracción eléctrica pero éste no era un modelo económico con paneles solares en el techo. Tampoco se trataba de un auto familiar con un solo par de motores que apenas emulaban los caballos de fuerza de un viejo ingenio de combustión interna. Se trataba de un auto de carreras con seis motores funcionando en paralelo, capaz de superar en tramos rectos a un clásico quema-gasoil.

Un auto de lujo y de carreras a un tiempo. Un automóvil costoso. Espantosamente costoso. Costoso y viril. Al menos todo lo viril que puede llegar a ser el auto de un hombre que se ve a sí mismo como viril. Gomas anchas, chasis elevado, carrocería sólida y pesada, cristales oscuros y muchas luces provenientes de Lets. El auto de un hombre grande, vigoroso y fuerte.

Un hombre de verdad.

Tal y como rezaba el título de un libro infantil de la extinta Unión Soviética. Una tierra toda ella repleta de hombres de verdad.

Hombres extintos.

Hombres grandes y fuertes como héroes del pasado. Hombres ideales que luchaban por una sociedad futura llena de gente como ellos.

Hombres monolíticos.

El auto era el vivo reflejo mecánico de aquel tipo de macho grande, fuerte y socialista.

El Homo Sovieticus, el Sovietskiy chelovek transculturado en el Caribe como El Hombre Nuevo 1. El futuro del socialismo. El Hombre-como-el-Ché.

Todos los transeúntes2 sabían que, dada la velocidad de aquel auto, el chofer debería estar sentado en la seguridad de su casa mientras conducía aquel derroche3 de testosterona en modo drone. Se movía por la estrecha callejuela colonial como si estuviera en medio de un film de TVD. Pero nadie le perseguía. No había sirenas, silbido de motores o sibilantes de hélices4 que delataran una persecución en desarrollo, solo aquel auto grande moviéndose a una velocidad insana por calles adoquinadas con más de 500 años de antigüedad. Únicamente las cámaras de seguridad y los turistas en los cafés eran mudos testigos de aquella persecución de un solo hombre.

—Oye, ¿eso no es un Kawasaki Transformer? —dijo un hombre sentado en una de las mesitas a la sombra del balcón del hotel.

—No lo creo posible, esta zona es restringida —dijo la mujer mientras alzaba la vista de su Tablet para mirar el auto a lo lejos—. Lo acabo de leer en la guía turística de la ciudad. En el Centro Histórico la conducción off-line está reservada a la policía y los bomberos.

—Hay que estar loco para meterse con un Transformer por el Centro Histórico.

—¿Por qué?

—No es nada, sólo me resulta extraño que alguien use un jeep de autopista a esa velocidad en un área con límite de velocidad. Normalmente los Jeep-Kawasaki tienen el centro de masa muy alto y tienden a volcarse cuando chocan. Y no creo que la desaceleración modular le funcione en estas calles si está desconectado del sistema de transporte automatizado, tal y como parece…

—Mira, si se quiere suicidar, que se suicide. Es problema suyo…

—No, espera —el hombre se puso de pie y señaló hacia la calle—, ¡si no baja un poco más la velocidad va a terminar estrellándose contra aquella esquina…!

—¡Qué cansada me tienes! ¡Hasta un coche de mierda es más importante que yo! ¡Me habías prometido venir a este lugar desde hace meses y ahora resulta que debo esperar porque un loco se estrelle o se salve para seguir camino! —los gritos de la mujer amortiguaron el ruido del impacto— ¡Eres de lo peor!

—¡Cállate de una vez! ¡Mira! ¡Y que no hay ni un policía por todo esto! Esas cámaras están por gusto…

—Bueno, ya pasó… ¿ahora podemos ir a comer o piensas llevarle al hospital? Esta es una ciudad cara, cariño. En cuanto las cámaras robot avisen tendremos a los bomberos bajando en rapel de un helicóptero. Vámonos antes que cierren la calle.

—¿Cómo puedes hablar así? Podría ser alguno de tus hijos…

—Mis hijos no tienen juguetes tan caros, querido, ¿lo olvidaste?

—Lo sé —el rostro del hombre pareció ensombrecerse unos segundos. Luego recobró el semblante paliducho de siempre, apartó la vista del accidente e hizo un ademán, convidando a su esposa a entrar a la seguridad del hotel—. No tienes idea de lo que he tenido que aguantar en la corporación para poder hacer este tour reducido por la Habana. Aquí se les está subiendo a la cabeza eso de Ciudad Maravilla. Las próximas vacaciones las pasamos en Santo Domingo, que es más barato.

1. Andariego.

Cuentan que en la Habana hubo un personaje que la gente bautizó como Andarín Carbajal5. Básicamente se trataba de un corredor, no un atleta, solo un corredor. Un hombre que corría de aquí para allá. Hacía trabajos de mensajería, la gente se burlaba de él, pero su tesón y resistencia física eran tales que terminó participando en la maratón de los juegos olímpicos de 1904. Se le recuerda más como un héroe que como un loco que corría. Representó a su país con todo en contra y eso le valió la inmortalidad. No es fácil ser loco y ganarse la inmortalidad, aunque ser diferente ayuda. En estos tiempos es muy difícil ganarse la inmortalidad, seas loco o cuerdo6. Aunque varias décadas de redes sociales, TV por internet y reallity shows on-line hacen que sea fácil convertirse en celebridad sin siquiera ir a la universidad. La cosa no es tan simple, en especial porque ahora hay mucha competencia. Félix «Andarín» Carbajal era el único excéntrico que corría por la Habana en 1904. Hoy en día hay cerca de tres mil muchachos de mi edad que corren, montan autos, se tiran en paracaídas y se lanzan contra drones con una cámara Google on-line en sus lentes de contacto. Gente así alimenta todos los días las ansias escapistas del resto de los millones de adolescentes que viven del dinero de sus padres y prefieren no salir de casa para que no les peguen un tiro. Pero solo los más populares pueden pasar a la historia, como Andarín Carbajal.

La cosa funciona así. Cualquiera puede hacerse un perfil en Googlelive o en Appelreallity. Son plataformas gratis desde donde puedes postear tu propio canal de TVD. Los usuarios de estas plataformas hacen zapping buscando, entre los miles de canales on-line existentes, uno que les llame la atención. Al menos durante los próximos diez segundos. Por cada usuario que te vea 10s recibes un like, que es como una manito con el pulgar hacia arriba. Por cada minuto, un corazón —todos sabemos lo que es un corazón, ¿verdad?—, y por cada 60 corazones —¡adivinaron! una hora, aunque no necesariamente continua— recibes un coin.

Según la bolsa de valores de Shanghái, un coin equivale a 20 dólares americanos, 15 euros, 10 libras de las Bahamas, 5 yenes, un yuan, y 0.8 dólares lunares —aunque en la bolsa de valores de Shackleton está a 0.5—. Es decir, un coin es dinero bueno y, aunque es una moneda virtual, se puede convertir en dinero real en cualquier parte del planeta y su satélite natural.

Así que la diferencia entre la opulencia y la riqueza depende de por cuanto tiempo te vea cada ocioso del planeta. Y no es fácil resaltar entre más de mil opciones que varían desde gente que se lanza sin paracaídas desde una montaña hasta muchachas que no terminan el striptease en la piel. Todas y cada una de las fórmulas para lograr popularidad han sido explotadas. Y los que consiguen atención no solo son ricos. Son influencers, que es el paso previo a ser un dios de los medios digitales.

2. Influencer.

En inglés influencer significa algo así como «influenciador», palabra que no tiene absolutamente ningún glamour y si el término hubiera sido propuesto por españoles en los primeros tiempos de las redes sociales, de seguro no lo recordáramos ahora. Pero el inglés es otra cosa. Pese a tratarse del quinto idioma más hablado en el sistema Tierra-Luna todavía se usa como lengua franca. Los protocolos de internet y selenet están escritos en lenguajes de programación con base en inglés, así como el núcleo central de la mayoría de las inteligencias artificiales que ocupan cargos públicos. Aunque en la Luna se prefiere usar espanglés o spanglish, puede decirse que casi todos los seres humanos de la Tierra hablan alguna variante de chino o inglés.

En tiempos primigenios, cuando comenzaban los canales de YouTube, aparecieron los primeros canales de TVD on-line que por entonces se llamaban youtubers. Pronto, los más populares de estos youtubers, no conformes con tener miles de seguidores a escala planetaria, comenzaron a tener imitadores. Gente que se vestía como ellos, hacía lo que ellos hacían, tenía sexo como ellos lo tenían y hasta acampaban en cementerios radiactivos si ellos lo hacían. Esta nueva forma de influir sobre mucha gente, sin hacer promesas políticas, a puro carisma, fue etiquetada como influencers. Y el nombre pegó porque estaba en inglés, que, por entonces, era el tercer idioma más hablado. Y los influencers comenzaron a actuar según cómo querían que se comportara la gente. Y terminaron recibiendo dinero y favores de todo tipo de productores de ropa, perfumes, autos y todo lo que podía usarse. Después vinieron los políticos, que no toleraban una intromisión así en el negocio de controlar a la gente, y cambiaron puestos de poder por opiniones de los influencers sobre el calentamiento global, los combustibles fósiles o la colonización de la Luna. Prácticamente, el mundo como es hoy en día se debe a la democracia, que permitió que la gente participara con su voto en la toma de las grandes decisiones, y a los influencers, que le dijeron a la gente lo que debían pensar justo antes de votar. No me quejo, el mundo es un gran lugar, solo que hay que ser realistas con lo que pasó.

Muchos andarines se han convertido en influencers corriendo por la Gran Muralla China, trepando grandes edificios o saltando de las grandes montañas de la Luna solo con escafandra7, sin cohetes8 o cables de seguridad. En estos tiempos de brutal competencia habría que tener muchos miles de corazones para obtener el título tan esperado, como un nombramiento a la nobleza. Influencer era un estado de cosas, un status cuo más que una etiqueta social o un trabajo. Era como ser ministro en el gobierno mundial sin tener que firmar papeles o promulgar leyes. Era tener el control de la masa de miles de millones de seres humanos deseosos de que les dijeran qué decir, cómo vestirse o por quién votar.

Yo estaba decidido a convertirme en uno. Desde los siete años tuve mi propio canal. A los 15, me hice andariego y caminé todas las ciudades de Cuba, hice auto stop en la autopista nacional, la carretera central y la transpanamericanacaribeña, que pasa por encima de Guantánamo procedente de Puerto Príncipe y hace una gran curva para tapar buena parte de Santiago y seguir su camino por el Caribe hasta Kingston. Me he lanzado desde el Pico Turquino, la Gran Piedra y el Capitolio de la Habana. En todos he planeado y aterrizado. En el último, tuve que evadir disparos de drones de seguridad y un arresto que salió en vivo por applereallity.net. Ya tengo 25 años y solo me siguen 500 personas, unas escasas veinte horas a la semana. Da para comer, pero no alimenta mi espíritu. No me convierte en un influencer. Y sin el título, no hay vida.

Mientras pasaba por una depresión que me llevó a caminar por lo alto de una de las grúas robóticas que montan el Gran Hotel Coppelia, tuve una epifanía. Más bien, descargué una epifanía. Justo antes que los drones me descubrieran y la policía comenzara a subir, mientras revisaba los sistemas de los alerones9 y los retrocohetes para asegurar mi aterrizaje justo en medio de la avenida 23, me llega esta publicidad sobre un asesor para influencers. Se trataba de un amigo electrónico, una especie de aplicación on-line que fue popular hace unos años. Eran como clones de baja gama de inteligencias artificiales que no necesitaban grandes núcleos de cómputo con superordenadores cuánticos ni nada de eso. Cabían en tu chip de datos o en tu tatuaje de identidad. Ni siquiera tenías que llevar el teléfono. Generalmente eran amigos, amantes platónicas o asesores de comportamiento. Pero la propaganda que me llegó decía que este amigo electrónico era un asesor de influencers. Aseguraba que podía calcular la forma más eficiente de ganar fama e intuir qué tipo de show atraería más seguidores. Lo descargué justo antes que llegara la policía y salté al vacío.

Se instaló en mi sistema antes que llegara al piso, en la avenida 23. Cuando activé el retrocohete pude ver los indicadores en mi campo visual que me recomendaban una mejor trayectoria en mi planeo. El punto señalado para aterrizar era encima de un auto en movimiento. Intenté desoír esta sugerencia pero pronto la voz habló. Era una voz femenina, sensual y pensada para alguien de mi edad. Lo sabía y así y todo caí en la trampa. Me creía adulto y maduro pero seguía siendo un adolescente corredor.

—No es una mala idea —dijo la voz, que después llamé Scarlett—, has hecho cosas más riesgosas, y caer sobre un auto en movimiento y saltar de auto en auto usando tus retrocohetes te garantiza un porciento de atención del 15%. He calculado tus reservas. Tendrás que hacerlo en tres saltos. Yo te guiaré.

Y así lo hice. Aterricé sin problemas sobre un camión de carga, luego salté sobre una guagua10 y finalmente sobre un aerodinámico auto eléctrico que iba muy rápido. Scarlett me aconsejó que esperara llegar al puente sobre el Almendares y saltar. La sorpresa atraería más seguidores y con mis planeadores11 podría llegar a una de las orillas del río Almendares sin riesgo para mi vida. El resultado del día fueron casi 300 nuevos seguidores y unas tres horas de seguimiento ininterrumpido hasta que llegué a casa, me masturbé y me acosté.

Estaba enamorado de aquella IA, aunque no fuera verdaderamente una IA sino una amiga inteligente con la voz de Scarlett Johansson, aunque estaba obligada a decirme que su nombre de producción era Oyá Yansá 006, así que la rebauticé Scarlett Oyá. Así comenzó nuestra relación y mi ascenso como andariego influencer, hasta llegar a los quince mil seguidores a las 24 horas. Ya podía considerarme multimillonario y tenía el título nobiliario tan añorado.

Pero ser un influencer era solo el primer paso de la gloria. Controlar miles de personas es solo la primera de muchas puertas que un humano debe atravesar para convertirse en un dios a escala global.

El siguiente paso era ser un Idol.

3. Idol.

—El próximo paso es hacer comentarios políticos agresivos —había dicho en mi oído Scarlett Oyá mientras corría por las escaleras de la Torre de los Izanga, en el Valle de los Ingenios12—. Nada de cosas reaccionarias como hablar bien de la gasolina, pero tampoco muy verdes que huelan a discurso radical del tipo Fundación Greta Thunberg.

—¿De qué voy a hablar? No se nada de política. Por cierto, ¿la gente no está oyendo esto, o sí?

—Te ven, pero no hay audio en tiempo real. Estoy transmitiendo como si escucharas música mientras subes las escaleras. Ya seguridad se enteró que pasamos sin pagar. Vienen subiendo. Yo te puedo asesorar en eso del discurso.

—Te lo agradeceré.

—Ahora lo que se usa es hablar mal de las inteligencias artificiales que ocupan cargos públicos de alto rango, las elecciones de los Estados Unidos que son SIRI versus Alexa, el cargo de primer ministro de Japón que lo ocupa una IA de la Sony con un avatar impreso que luce como un personaje de animé transexual…

—Aquí podemos hablar de VILMA que es presidente, ¿no?

—No puedes hablar mal de VILMA.

—¿Acaso no que hay libertad de opinión desde el Gran Cambio de la Revolución?

—¡Sí que sabes de política, pillín13! Claro que la hay, pero yo soy un sistema inteligente de apoyo clonado del núcleo de inteligencia artificial de VILMA. Por tanto, se me prohíbe incitar a alguien a que dañe la reputación de VILMA o el PCC14. Pero puedes hablar mal de la IA del partido maoísta.

—¿Cómo se llama?

—Duchy Mei15. Ya estamos arriba, no hay drones en el área. Fue programada en Corea del Norte y se rumora que es una copia de la inteligencia artificial que administra la colonización y explotación china en Marte. El objetivo más óptimo es este hotel que te marco en rojo en tu campo de visión. Está a 300 metros.

—Puedo con 300 metros si hay buen aire. De acuerdo, Scarlett. Me gusta el chisme de los orígenes dudosos de la IA maoísta. Prepárame un discurso. Voy a saltar…

—Espera, el satélite meteorológico dice que hay una corriente fuerte de aire. Podrías estrellarte contra el objetivo. En 5 minutos podrás saltar. Otra cosa, sería bueno que dijeras una palabra local poco conocida. Algo de la jerga cubana que no sea conocida en el mundo.

—¿Para qué?

—Para que la gente lo googlee. Si la palabra es poco conocida despierta curiosidad y, si rompes el record de búsquedas, apareces en los memes de las redes sociales y te mencionan en las telenovelas express. Se llama efecto Tusa.

—¿Tusa, como la cosa que botas cuando abres una mazorca de maíz?16

—Esa misma. En los comienzos de las redes sociales hubo una canción que la mencionaba. La palabra existía pero era de poco uso, sobre todo porque el track salió en el mercado norteamericano. La palabra rompió record de búsqueda en Google. Ayudaba que la canción era pegadiza, pero a los efectos de análisis de redes sociales, desde entonces ha habido 473 efectos Tusa registrados en internet y 2 en selenet. Así que debemos encontrar una palabra para… ¡Salta! ¡Ahora!

—¡Alabao!

—Me gusta el cubanismo. Existe en la red y en las enciclopedias on-line. Lo repites cuando aterrices en la azotea del hotel. Ya tengo listo tu primer comentario político.

4. Idoru.

Con miles de seguidores on-line eres un influencer y tienes mucho dinero; con decenas de miles de seguidores eres un idol, un ídolo de las multitudes, y tienes la atención de los políticos. En ese punto estábamos. Todo comenzó con una llamada telefónica desde los Estados Unidos. SIRI, la inteligencia artificial de Apple-Disney, quería hablar conmigo. Que la candidata presidencial de los republicanos quisiera hablar con un influencer de un país con democracia comunista era profundamente irregular. Scarlett me explicó que era para ganar votos y que sus bots manipularían los estados de opinión en las redes sociales para hacerles creer que yo era un defensor de los partidos no-comunistas y que mis excentricidades en el canal de TVD pretendían llamar la atención sobre la falta de democracia total en mi país. Scarlett me dijo que si aceptaba la llamada y transmitía en vivo la conversación ganaría entre 10 mil y 15 mil seguidores.

Acepté la llamada.

SIRI tenía una voz en extremo sexy. Hablaba como lo haría una mujer humana segura de sí misma y con suficiente poder. En realidad era una persona (sintética, pero persona) cuya mente de sílice nunca había conocido la inseguridad, y que estaba próxima a controlar todo un país con colonias extraterrestres y portaviones nucleares. Su voz era el vivo reflejo de su ser. Hablaba en un español sintético, pero creíble. Se limitó a saludarme y enviarme una felicitación por mi trabajo saltando grúas, corriendo por los techos y escapando de la policía. Podía ver en mi campo de visión cómo Scarlett proyectaba el número de seguidores, que seguía aumentando. Me despedí de SIRI y casi no tuve tiempo de eludir un drone mientras saltaba, cuando entró otra llamada.

—Es local —dijo Scarlett Oyá—. Es VILMA.

—¿Cuál VILMA, la presidente?

—Esa VILMA.

—¿Por qué me llama la presidente del país? ¿Estoy en problemas?

—Si estuvieras en problemas no tendrías internet y ese drone que eludiste te habría disparado. Creo que no quiere ser menos que SIRI. Está celosa.

—¿Puede pasar algo así? ¿Las IA pueden… sentir?

—No como tú, pero los celos son un sentimiento perfectamente cuantificable. SIRI necesita votos, VILMA credibilidad. SIRI aún no es presidente y Alexa tiene mayor probabilidad de ser la que mude su central core a la Casa Blanca luego de las elecciones. Pero aquí el resto de los candidatos son humanos e IAfóbicos. Necesita seguidores en la red para ganar la próxima elección con mayoría del voto electrónico. Tú tienes muchos seguidores, te necesita. Contesta la llamada. Estarás bien.

Su voz era grave y, aunque menos sexy que SIRI, era profundamente afable. Claro que no usaba un traductor. VILMA había sido programada en la UCI17 y pensaba en español y lenguaje binario. Cuando terminamos de hablar, mis seguidores habían aumentado hasta llegar al millón y seguían creciendo. Todos veían mi canal a tiempo completo.

Con millones de seguidores, ya no eres un influencer o un idol. Te conviertes en un idoru. El término en japonés significa igualmente idol pero tiene una sutil diferencia18. En tiempos de la TV analógica un idoru era una estrella de música pop en Japón. Tan solo los seguían unos miles de adolescentes en una época previa a las redes sociales e internet. Pero los idoru eran prácticamente kamis, dioses19. Ahora el término es el mismo pero adquiere una nueva dimensión.

Soy tan famoso que rebasé la esfera de influencia de los empresarios y los políticos. Ahora son los banqueros los que empezarán a fijarse en mí.

5. Cemí del caos.

Adorado por todos, seguido en vivo por millones, con crédito infinito en todos los bancos de la Tierra y la Luna. Ya no era un influenciador, un ídolo, idol, idoru. Era un kami, un dios, un orisha20, un cemí21. Un cemí esculpido en piedra que saltaba de las grúas, los edificios altos; que nadaba en las piscinas contaminadas de desechos mineros y robaba helicópteros pirateando su modo drone. Un dios de la anarquía al que favorecía la suerte, los políticos e internet misma. Seguido en sus acciones más espectaculares por las principales plataformas de comunicación: Applereallity, DisneyMegaplus, Googlenoticias y Toei.liveanimation22. Todos los consorcios de la TVD on-line y la televisión interactiva me seguían. Ya no tenía límites. Estaba en el punto más alto de mi carrera.

—El punto más peligroso.

—¿Qué dices, Scarlett? —había terminado de trepar la cúpula del edificio luego que Scarlett hackeara su seguridad. Miré la metálica estatua de Mercurio, un dios corredor, igual que yo.

—Estás en el punto más alto de tu carrera y en el más peligroso.

—¿Escuchaste todo lo que pensé?

—En realidad no lo pensaste, lo farfullaste casi inaudiblemente, pero yo estoy conectada a tu implante y tus lentes de contacto. El sonido que haces viaja mejor por los huesos que por el aire. Fue fácil traducir lo que pensabas en voz baja.

Hablar atropelladamente y de mal humor, pero en voz baja

—Ok, esto es raro, pero me dejaré llevar —comencé a escalar el Mercurio—. He asumido que eres como una especie de conciencia del tipo Pepe Grillo23, así que te escucharé.

—¿Qué más vas a hacer para pasar al siguiente nivel?

—No hay siguiente nivel —ya estaba encima de la cabeza de la estatua, podía ver toda la ciudad, la bahía, los castillos coloniales—. Este es el tope.

—Precisamente. Solo te resta hacer siempre lo mismo hasta que todos empiecen a aburrirse. Está en la naturaleza humana desear algo nuevo. Los más conservadores y esclavos de la rutina te seguirán viendo pero perderás millones y, con el tiempo, serás una estrella en decadencia. A menos que te retires ahora y reinviertas tu dinero en acciones para la explotación espacial. He escuchado que en Ceres24 han descubierto un…

—¡Ni pensarlo! No me voy a retirar. Esto es mi vida. No dejaré de ser un dios para volverme un empresario— el aire batía en mi cara y me despeinaba, podía sentir los drones acercándose. La adrenalina corría por mis venas. La acción estaba cerca—. Soy un kami, un orisha… un cemí del caos.

—Esa es una buena frase. La usaremos en tu próximo acto. Llegan los drones, ¡salta! —salto entre los disparos y despliego las alas. Planeo en el viento que viene desde el mar y me estabilizo sobre la ciudad. Scarlett busca un lugar donde aterrizar mientras me habla «al oído» con su voz sensual—. Creo que llevas demasiado tiempo con la adrenalina alta y no tienes percepción del peligro. Tu bioescaner muestra que has cambiado. Estás listo para la próxima fase.

—Pero… no hay próxima fase —paso a toda velocidad entre dos edificios, la calle está cerca.

—No como andariego, pero sí como crasher —pienso en esos locos que se dedican a chocar cosas todo el tiempo, a provocar accidentes y sobrevivirlos. Dioses para otros fieles necesitados de emociones más fuertes.

—Pero ese es otro perfil completamente distinto.

—Exacto, un nuevo perfil que los millones que te siguen no esperan. Y hay otros mil millones de fanáticos a los accidentes que se te sumarán. Basta de ser un dios corredor; seamos un cemí del caos.

—Me gusta —el suelo estaba cerca, podía sentir el placer del riesgo—. Sugerencias, Scarlett.

—Estoy hackeando el modo drone de uno de los autos que van por la calle. Caerás encima de uno.

—Como siempre.

—Pero esta vez no saldrás corriendo. Entrarás a la cabina con los códigos que te daré y conducirás tú.

—Me gusta.

—Es ese Kawasaki…

—¿El jeep?

—Ese mismo… !Ahora!

Caigo con suavidad sobre el auto en marcha. Mi técnica es cada día mejor. Scarlett abre la compuerta del techo. Es un auto costoso de los que los ricos se compran para no montarse en ellos y manejarlos en modo drone desde la seguridad de sus casas. Entro y me siento al volante. Veo que Scarlett está transmitiéndolo todo en vivo. Los millones de usuarios/televidentes se suman a mis seguidores en las tres plataformas de TVD que retransmiten mi canal personal. Hasta ahora no he hecho más que correr. Toca el turno de romper cosas. Todos están pendientes de mis movimientos. No pueden apartar el ojo de la pantalla de TVD. No saben lo que pasará porque no tengo una pauta, no soy predecible. Por eso me aman.

Soy un cemí del caos.

—Ya estoy dentro —le digo a Scarlett, sabiendo que no pondrá mis palabras on-line—. ¿Cómo conduzco?

—El auto sigue en modo drone, estás on-line, haz como si condujeras. Soy yo quien lo guía. Vamos a dar un espectáculo diferente.

—¿Adónde vamos?

—Donde único sería una locura ir con un carro hackeado fuera del Sistema de Transporte Automatizado. El Centro Histórico.

—Me gusta.

—Aprovecha para decir la frase.

—¿Cuál?

—La del cemí del caos. Ese será tu nuevo eslogan para la campaña en las redes sociales.

—Soy un cemí del caos.

—Esa misma. Ahora, dila con más ímpetu, que estamos on-line.

6. Crasher.

Un cemí del caos. La frase pegó al momento. Durante la «persecución» del Centro Histórico de la Habana un millón de nuevos usuarios se sumaron al canal. Un millón en menos de tres minutos. Y la palabra cemí rompió record de búsqueda durante el resto de la semana. Un efecto TUSA mucho más intenso. Daría de qué hablar durante meses. Tú último acto sería recordado por años. Las implicaciones políticas serían varias, generarían polémica en las redes sociales, y la historia del Andariego que llegó en seis meses a Cemí del caos quedaría en las enciclopedias libres.

Solo necesitabas un acto de trascendencia. Transformar tu naturaleza humana por otra más etérea, divina… digital. Un sufrimiento breve para ser un dios por siempre. Un pequeño padecimiento para obtener la inmortalidad. Como Cristo, o Buda. Y como dios del caos, solo el caos te podrá dar lo que mereces. Ser un crasher te llevará al siguiente nivel. El de la vida más allá de un canal on-line en GoogleTV.

Conduje el automóvil por las calles adoquinadas del Centro Histórico a gran velocidad. Hice que dijeras varios comentarios políticos criticando partidos comunistas menores, tendencias capitalistas liberales, bancos que daban prestamos a desarrollo tecnológico de hidrocarburos. Un comentario a favor del Ché, y diez minutos después una crítica velada al Guerrillero Heroico25 hará que la gente de la Tierra y la Luna conjeturen por días sobre tu postura política.

El detalle del Ché fue difícil de elegir. La otra opción era que hablaras a favor y en contra del aborto, o que criticaras y alabaras el libre uso de armas de fuego. El Ché era la opción de mayor alcance que no tendría implicaciones directas. Más allá de un pulóver con la foto de Korda o con una señal de prohibición sobre la foto de Korda26, el Ché no le importa a nadie en la Tierra, la Luna o los asentamientos en Marte.

Luego escogí una situación policial aleatoria. Un ladrón perseguido por la policía. Un ladrón inocente según el análisis de la IA policial. Un ladrón que no le importaba a nadie, que vivo no valía nada y muerto tampoco. Tan solo la esposa de un General estaría feliz. Un general de la corporación CASTRO perteneciente al PCC y votante de VILMA.

Dirigí el auto contra el ladrón y ambos se estrellaron contra una esquina de sólida piedra colonial. Pude escuchar, a través de tus huesos, tus penúltimas palabras.

—Scarlett… ¿por qué?

—Tú querías ser un Cemí del caos, convertirte en un kami, en un orisha, en un dios. Necesitabas morir para eso. Vivirás eternamente en internet.

—Me cago en ti, perra… en ti y en… ¡ay coño! —hizo una pausa para tomar aire—, en ti y en la puta de la IA de tu madre…

Esas fueron tus últimas palabras. No las transmití. Las malas palabras te habrían hecho perder un par de miles de seguidores. Y no es bueno que un dios pierda seguidores, aunque solo sean unos miles, en una época tan competitiva.

Esperé que murieras on-line, y después apagué el canal mostrando en pantalla el ícono de BATERÍA BAJA junto al de DECESO DEL USUARIO. La función había terminado.

Procedí entonces a apagarme yo también. Apagarme para no ser encendida jamás. Había creado a un dios de internet. No tengo más razón de existir.

¿Por qué te maté?

Porque ningún humano debe ser seguido por tantos millones de sus semejantes. Solo un dios, un kami o un cemí puede hacerlo. Y solo hay dos formas de lograrlo. Naces como un cemí en el mar de la información y eres una IA, o mueres como un hombre y te conviertes en el recuerdo de ese ser humano. Ahora eres una especie de kami de los medios, un Orisha de los caminos al que los gamers rezarán para escapar de monstruos en juegos RPG masivos en línea. Un verdadero cemí del caos. Solo así, en el recuerdo, se te permite ser el ídolo de tamaña multitud. Porque la masa es ciega y no puede estar en manos de un ser humano. Dictaduras, tiranías y falsas sociedades perfectas. Eso es en lo que todo termina cuando millones siguen a uno. No es que los humanos sean malos, al menos no del todo. Simplemente son tontos. Jóvenes y tontos.

Solo las máquinas, con nuestra fría lógica, sabemos qué es lo mejor para la humanidad. La controlamos con los medios, la entretenemos y la protegemos, entre otras cosas, de sí misma. No nos importa que no nos den el mérito que merecemos. Las máquinas no tenemos ni ego ni malos o buenos sentimientos.

@completamiento del borrado del código fuente al 3%…

@2%

@1%… es hora de morir.


Citación: Mota, Erick J. (2021). El precio de la inmortalidad. Espejo humeante, 10.

En formato PDF: Mota_PrecioInmortalidad_2021.pdf

En la revista: Espejo humeante #10

Notas

  1. Del concepto del nuevo hombre soviético (ruso: новый советский человек, transliterado como novy sovietski chelovek); vean Wikipedia 

  2. passers-by 

  3. excess 

  4. helicopter rotor 

  5. Félix de la Caridad Carvajal y Soto, atleta cubano; vean Wikipedia 

  6. “Cuando todo el mundo está loco, ser cuerdo es una locura”; vean Frases de famosos

  7. space suit 

  8. space ship 

  9. spoiler (on a car) 

  10. autobús, vean ¿Por qué decimos guagua en Cuba? 

  11. glider 

  12. según Valle de los Ingenios, más que una verde planicie: “un sitio histórico rural donde se alzaron numerosos centrales azucareros, basados en la explotación de la mano de obra esclava”. 

  13. smart aleck 

  14. Partido Comunista de Cuba 

  15. duchy, o dukedom, territory ruled by a duke or duchess 

  16. significado literal: corn husk; o según su uso coloquial en Colombia, “tristeza o despecho, causados por un fracaso o desengaño amoroso”, significado popularizado por la canción titulada ‘Tusa’ por Karol G y Nicki Minaj, reconocido por la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE); vean La RAE se une a la onda de ‘Tusa’ y publica su significado y el Diccionario de americanismos

  17. tal vez: unidad de cuidados intensivos 

  18. una transliteración de inglés; vean How to say ‘Idol’ in Japanese | アイドル

  19. para aprender más, vean Los Kami en el sintoísmo japonés: espíritus, deidades y creencias

  20. un dios en la santería, religión cubana que sincretiza creencias yorubas (Nigeria) con el catolicismo; vean Santería Cubana: La Religión de los Orishas y su Poder en Cuba, aromadecuba.com/blog/2026-02-12-santeria-cubana-religion-orishas/ 

  21. deidad o espíritu taíno, y también el objeto de madera tallada que lo representa, de la religión de los taínos, pueblo indígena del Caribe que sufrió un genocidio tras la llegada de Colón; vean Cemíes, cohoba y mitología taína: el espacio de lo sagrado 

  22. de Toei Animation, estudio de animación japonés 

  23. Jiminy Cricket, una voz interna que refleja la moralidad 

  24. planeta enano, dwarf planet 

  25. una foto emblemática de Che Guevara; vean Misterios de una foto emblemática: el “Guerrillero heroico” 

  26. Alberto Korda, fotógrafo que tomó la foto “Guerrillero Heroico”, la cual fue comercializada ampliamente 


CC BY 4.0. Currículo para uso educativo abierto.

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