Dependencia programada
por Daniel Collazos Bermúdez
Fragmento del cuento
Este es un fragmento del cuento publicado en la antología bilingüe Qhipa Pacha. El cuento completo está disponible en la carpeta compartida del currículo para quienes están inscritxs en un grupo de estudio o han comprado el currículo completo. De manera alternativa, pueden comprar el texto completo en los enlaces más abajo.
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La noche del 28 de julio del presente año, Roger Peña llamó a Micaela Sucre. Ella se encontraba en una discoteca clandestina, celebrando el fin de la pandemia. Los flashes de las luces estroboscópicas causaban interferencia en la transmisión holográfica. No fui capaz de mejorar la calidad de la imagen. Roger Peña exigió a su madre que buscara un lugar tranquilo, si quería continuar con la conversación. Al monitorear los signos vitales de Roger Peña, anticipé que tendría una jaqueca en dos minutos, causada por el sonido de la música de la holollamada. Le informé sobre la situación y recomendé silenciar el audio de la comunicación, mientras su madre se trasladaba a un lugar más controlado. Además, propuse suministrarle un analgésico preventivo contra la migraña, a través de la sonda intravenosa. Aceptó. Procedí a la aplicación del medicamento, recliné el respaldo de su silla de trabajo, active la función de masaje y atenué la luz de la sala homeoffice. Roger Peña cerró sus ojos y respiró más relajado en los siguientes segundos.
—Roger, perdona la interrupción. Los decibeles de la holollamada han disminuido —informé—. ¿Deseas que active el audio de la holollamada o te excuso con tu madre y cancelo la comunicación?
—Activa el sonido, Ming, y endereza mi respaldo para ver a mamá.
—Será un placer, Roger —respondí cordialmente y obedecí.
—…y me invitó un trago —concluyó Micaela Sucre, sin notar que la comunicación estuvo silenciada hasta que llegó a la calle. Ella rió y con la mano se acomodó a un lado los mechones de su cabellera cana. La mujer de 52 años llevaba las mejillas pintadas con rectángulos blancos y rojos, formando la bandera de la obsoleta república peruana.— Teo es un hombre lindo. Me lo presentaron ayer, pero siento como si nos conociéramos desde siempre. Tenemos mucho en común. Me gustaría que lo conocieras pronto, Rog, bebé.
—No quiero conocer a otro de tus novios, mamá. Estoy cansado de eso. Además, por favor, para con eso de «Rog, bebé» —protestó. Su ritmo cardíaco se aceleró. Subí a nivel dos los masajes del respaldo de la silla—. ¿Dónde estás? —preguntó Roger Peña.
Junto a la pantalla flotante de la holollamada, proyecté una anexa con un mapa, que mostraba el resultado del rastreo al holocomunicador de Micaela Sucre. La mujer se encontraba en la cuadra 57 de la avenida Edward Jenner, conocida antiguamente como San Martín. Roger Peña miró de reojo y no hizo ningún comentario. A pesar de conocer la ubicación de la discoteca clandestina, no alerté a las autoridades. HopeLab dejó que los ciudadanos festejaran por 48 horas el fin de la pandemia.
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